La educación es sin duda alguna, la base del desarrollo en cualquier parte
del mundo y debe constituirse en la plataforma de toda política de Estado, pues
el cambio y la transformación orientado a buscar el bienestar y calidad de vida
de la población sin duda alguna exige que ésta ponga en práctica un conjunto de
competencias que deben ser desarrolladas de manera sistemática en el marco de
una educación formal para que su alcance sea oportuno, eficiente y pertinente.
El desarrollo de competencias no debe reducirse al dominio y gestión de
capacidades, habilidades y conocimientos, sino fundamentalmente el manejo de
las emociones, aspectos éticos y valorativos, que le den el verdadero sentido
humano a nuestro accionar. El objetivo de la educación no puede limitarse a responder o alcanzar
estándares, sino avizorar el tipo de sociedad en el futuro próximo y qué
competencias requerirá el ser humano para convivir en armonía y tranquilidad en
ese contexto. La situación significativa es la que se extrae del contexto convertido en una realidad problematizadora que se constituye en un desafio, un reto por resolver que tiene que abordar el estudiante para desarrollar sus competencias y capacidades.
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